De ama de casa rebelde a Nobel de Literatura

ALICE MUNRO EN LA FERIA DEL LIBRO DE FRÁNCFORT

 

El premio Nobel más esperado para los amantes de la literatura ya tiene dueño, y este año le tocó a  Alice Munro una canadiense que ya sonaba desde hace años para este galardón gracias a su armonioso estilo de relatar sus cuentos.

Fue la combinación de una estricta educación presbiteriana con la convicción de que no podía ser sólo una ama de casa amalgamaron la vida y obra de Alice Munro, que ha logrado el máximo reconocimiento profesional con el Premio Nobel de Literatura guardando un poso de culpabilidad por su carrera.

La escritora canadiense no pudo terminar sus estudios universitarios, se casó muy joven con su primer marido y rápidamente tuvo hijos, pero se negó a acatar el dictado de un entorno social machista y provinciano y empezó a escribir cuentos cuando su prole dormía la siesta, quisieran las niñas o no.

 

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Empezó creando cuentos con la idea de ser novelista cuando sus hijos crecieran y le dejaran más tiempo libre que el de la siesta, pero finalmente se encontró más cómoda en un género que ha llevado a otra dimensión gracias a la complejidad moral de sus personajes, mujeres en su mayoría.

No porque se considere feminista, sino más bien porque ve mucho más complicado introducirse en la mente de un hombre.

Cuando en 1961, con treinta años y tras publicar algunos de sus cuentos en revistas, The Vancouver Sun le dedicó un reportaje, lo tituló “Ama de casa encuentra tiempo para escribir relatos” y la fotografió junto a sus dos niñas.

Décadas después reconoció que cuando escribía no pensaba en su familia sino en ella misma, buscando un espacio propio más allá del de mujer y madre, y apuntó que sus hijas quizá habrían sido más felices si les hubiese dedicado más tiempo.

La nueva premio Nobel de Literatura tiene fama de ser esquiva con la prensa y los festivales literarios, tanto como lo ha sido con ella el galardón, al que fue favorita en varias ocasiones antes de lograrlo este 2013.

A través de contadas entrevistas demuestra otras aristas de esa personalidad dual: si bien arrastra la austeridad presbiteriana que le fue inculcada en su familia, se reconoce presumida, disfruta yendo de compras aunque se avergüence de ello y lee Vogue a escondidas, aunque encuentre escandalosos los precios de las prendas y zapatos que muestra la revista.

Y es que Munro, nacida en el seno de una familia muy humilde de granjeros emigrados de Escocia, siempre ha tenido constancia de que la vida es muy dura y así lo ha reflejado en sus escritos.

 

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