Los tiempos de Dios son perfectos

Jesús Ramón Ortiz Cisneros es líder transportista, la agrupación que dirige aglutina a unos 600 agremiados. A las 11 de la mañana en la sede del sindicato reúne a los choferes presentes bajo la sombra que da un árbol. Les va a hacer una invitación:
“A ver muchachos, les quiero hacer una invitación, para fin de año vamos a hacer una posada, un encuentro entre nosotros. Va a haber música para bailar, comida y regalos. Nada más que ya los conozco, y por eso les voy a pedir que me den algunos datos, su dirección y teléfono personal, por que la invitación se la vamos a entregar a sus esposas. Será un convivio familiar y para reconocer al timón de nuestras casas, por que las señoras eso son, nuestra guía”.
Ramón les habla derecho y francote. Los conoce, ha trabajado con ellos y les dice que ‘se ha partido la madre igual que todos’. Con uno recuerda que se conocen desde ‘chamaquitos’, con otro hace memoria de los cayos en las manos que padecía al manejar su camión sin dirección hidráulica, es uno de ellos, uno más, pero ahora le toca estar al frente.
Desde hace poco más de dos años encabeza la Unión de Transportistas de la CTM, le tocó época de vacas gordas. Obras grandes y proyectos de largo alcance permitieron que el gremio creciera y se consolidara. Dice que antes que alumbrar la calle, quiere alumbrar la casa –su gremio-.
‘Vamos a trabajar por nosotros’, vuelve a decir a los choferes, ‘vamos a apoyarnos, a llevar ayuda a nuestras calles y colonias. Si no somos nosotros nadie lo hará’.
No rehúye a las preguntas, pero no le gusta que uno se ande por las ramas, pide franqueza y ofrece lo mismo.
‘Yo soy derecho, a mi no me gusta ser subordinado, pero si algo tengo es que sé escuchar, a lo mejor no estoy de acuerdo con lo que me dices, pero si tienes razón, te la doy”.
Le digo que ha sido inevitable verle destacar de un tiempo acá, muy movido con la Fundación Grupo Ortiz que encabeza y que usa como brazo social para ayudar a los que menos tienen, visita un día una colonia para llevar apoyos, el fin de semana organiza reuniones familiares en la playa. Se mueve y mucho. Le pregunto que hacia qué dirección, cuál es la meta.
Piensa su respuesta un momento.
‘Lo que me interesa es ayudar a la gente, darle algo de lo que yo he podido ganar’.
Sí, pero debes tener alguna intención, un fin, le replico.

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Su teléfono no deja de sonar, mensajes y llamadas. Todo el tiempo. Ramón Ortiz dice que después de las ocho de la noche lo apaga ‘no pasa nada, sólo que uno a fuerza quiere arreglar todo y eso sí no se puede’. Pero es desesperado y en todo está. Dice que por ejemplo, las vacaciones y el tiempo libre lejos de relajarlo lo estresan.
‘Soy de rutinas, mis horarios los tengo muy definidos, y aunque soy como una hoya exprés y tengo límites, no puedo alejarme al 100 por ciento. Los días libres lo sufro, a mi me gusta trabajar’. Y lo ha hecho desde hace más de 30 años.
Desde antes de los 18 ya manejaba el volteo de su papá, poco a poco se interesó más en el trabajo y sus consecuencias. Buscó mayor participación en el sindicato de transportistas, la logró. Incrementó su flotilla de unidades y también detectó nuevas áreas de oportunidad, ‘diversificar el negocio’ le llama, y lo diversificó.
Y ha crecido y ha ganado. ‘Los tiempos de Dios son perfectos, amigo’, me dice.
Le insisto y le pregunto cuáles son sus aspiraciones. Ayudar, me insiste con una sonrisa velada, ‘y seguir trabajando’.
‘Me gusta ayudar a la gente, creo que tengo que compartir parte de lo que Dios me ha dado’.
Asegura que las ha pasado difíciles, pero entiende que parte fundamental para ayudar a mejorar la sociedad es dando apoyo.
‘No siempre se ayuda con dinero o de manera material, muchas veces lo que se requiere es apoyo moral, respaldo y lealtad’.
No es político, dice, pero le mueve el gusanito.
‘Yo no voy a hablar de nadie, pero se me han acercado, me han ofrecido regidurías, muchos las aceptan por el dinero, por la posición, yo creo que puedo ayudar más desde afuera’.
Pero no se descarta.

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Ortiz Cisneros ve a Coatzacoalcos como un gran polo de desarrollo y sabe de lo que habla, ha vivido en la ciudad toda su vida, la conoce de arriba abajo, sobre todo la reconoce.
‘Conozco la necesidad de la gente, cuales son las principales carencias de las colonias y las conozco por que he estado ahí, me he interesado en ayudar en mejorar la situación social de la ciudad’.
Entiende que se viven tiempos difíciles y que los que vienen serán muy complicados.
‘Casi 15 mil personas que trabajaron para la construcción de Etileno XXI se quedaron sin empleo, dejaron de tener una fuente de ingresos para llevar el pan a su casa, ahí se viene un problema serio, pues a esa gente hay que apoyarla a encontrar una forma honesta de vivir y de llevar recursos a sus familias’.
Advierte que es necesario promover más inversiones en la ciudad, defender la mano de obra local y así crear un círculo virtuoso de empleo que genere derrama económica y estabilidad social.
Por lo pronto trabaja en las zonas marginadas de la ciudad, crea su base social, conoce a fondo los problemas de la población e integra una estructura, pero una estructura basada en lealtades y confianza.
‘Hemos decidido reorientar el trabajo de Fundación Grupo Ortiz, vamos a impulsar a nuestra gente, a los agremiados del sindicato, a los empleados de las empresas que conforman Grupo Ortiz, que ellos primero mejoren sus condiciones de vida para después poder extender esos apoyos a la mayor parte de la población que nos sea posible’.
Empresario y líder sindical, tiene debilidad por el bien común, y sabe que la política es un vehículo para lograrlo.
Cree por ejemplo en las candidaturas independientes, y se pronuncia por una renovación de las caras que hacen política en Coatza.
Le vuelvo a preguntar sobre sus planes su futuro político, y me asegura que vive el presente, el hoy, pero trabaja se esfuerza y crece y que todo llegará a su momento y cuándo llegue ese momento, debe estar preparado, por que insiste ‘los tiempos de Dios son perfectos’.

 

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Luis Enrique Rivas/Cocktelera

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