“The Great Dictator”, 75 años de vigencia

A finales de los años 30, Charles Chaplin decidió hacer una película sobre el aumento de la represión de los judíos por los nazis y el rodaje de “The Great Dictator” empezó apenas una semana después del inicio de la Segunda Guerra Mundial. 75 años después de su estreno, su vigencia sigue intacta.

Cuando en 1939 Charles Chaplin comenzó el rodaje de “The Great Dictator”, era una de las mayores estrellas del cine, pero con una salvedad: del cine mudo y cómico.

En “Modern Times” (1936), Chaplin había comenzado a utilizar los diálogos por la presión del público cuando ya habían pasado nueve años del inicio del cine sonoro con “The Jazz Singer”. Pero el actor y director se resistió aún a abandonar sus personajes sin palabras y no hizo su primera película totalmente sonora hasta “The Great Dictator”.

Pese a sus temores, la película demostró que su cine funcionaba igual de bien con palabras que sin ellas e incluso el discurso final que pronuncia el dictador de Tomania (Chaplin) es considerado uno de los mejores, más elocuentes y más certeros, de la historia del cine.

 

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UNA HISTORIA SOBRE LA REPRESIÓN DE LOS JUDÍOS.
Era el cierre de una película que Chaplin quiso hacer para mostrar al mundo el considerable aumento de la represión de los judíos a manos de los nazis.

No pudo ser más visionario Chaplin, que inició el rodaje del filme apenas una semana después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, aunque años más tarde reconocería que nunca se imaginó la dimensión del drama que estaba por llegar.

En 1964, en su autobiografía, el cineasta británico aseguró incluso que no habría hecho la película de haber conocido la verdadera extensión de los horrores de los campos de concentración nazis. Pero en 1938, cuando Chaplin empezó a escribir el guion, no se imaginaba lo que ocurriría.

Chaplin tardó casi dos años en finalizar el guion y en ese tiempo también aprovechó para estudiar cada movimiento y gesto de Hitler, en quien se basó para su dictador. Lo hizo viendo todas las películas e imágenes documentales que encontró para lograr una perfecta imitación de su estilo y forma de hablar.
UN LARGO RODAJE.
Junto a él, Jack Oakie, Regianald Gardinier o la que era su tercera mujer, Paulette Goddard, con la que protagonizó fuertes discusiones durante el rodaje, debido principalmente a que la actriz ya comenzaba a ser conocida y no le gustaba ni su pequeño papel ni las ropas poco glamurosas que debía llevar dado que su personaje, Hannah, era una judía pobre que vivía en el Ghetto.

Aparte de eso y del afán perfeccionista de Chaplin, el rodaje se desarrolló normalmente aunque muy largo para los estándares de la época, casi seis meses, hasta marzo de 1940. El presupuesto final fue de 1,5 millones de dólares, salidos casi enteramente del bolsillo del director tras la negativa de los estudios a financiarla debido a las presiones de la diplomacia tanto de Alemania e Italia, como de Inglaterra e incluso Estados Unidos.

El principal escollo antes de su estreno -más allá de ser una crítica directa a Hitler- fue el final de la película, el discurso pacifista del barbero judío que creen que es el dictador. Los socios de Chaplin consideraban que lastraría el resultado del filme en taquilla, pero el director fue inflexible ante la posibilidad de eliminarlo.

También hubo dudas sobre el éxito de la película cuando se acercaba el estreno -la premier fue en Nueva York el 15 de octubre de 1940-, porque había encuestas que decían que el 96 por ciento de los americanos se oponían a la implicación de Estados Unidos en la guerra en Europa y Chaplin recibió además cartas amenazantes de simpatizantes nazis.

GRAN ACOGIDA.
Pero la película fue muy bien acogida tanto por público como por la crítica, que la consideraron la segunda mejor de aquel 1940, solo por detrás de “The Grapes of Wrath”, y consiguió cinco nominaciones a los Óscar, aunque no se llevó ninguno.

Consiguió una recaudación de cinco millones de dólares, la más alta de todas las películas de Chaplin.

Fue un gran éxito en Estados Unidos y tuvo una gran repercusión en Inglaterra, pero en Francia no se pudo exhibir hasta cinco años después -con más de ocho millones de espectadores- y en Alemania fue prohibida -aunque Hitler se hizo con una copia y la vio-.

Y con los años ha seguido siendo reconocida como una de las más inteligentes y ácidas críticas del nazismo, las dictaduras y la intolerancia, con un discurso pacifista que sigue siendo vigente en el mundo de hoy, donde personajes como Hitler o su equivalente en la película, el dictador de Tomania, siguen, desgraciadamente, existiendo.

 

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EL DISCURSO NO ERA EL FINAL ORIGINAL.
Muchos años después, en 2002, los descendientes de Chaplin encontraron en una de sus casas de Corsier-sur-Vevey (en el cantón suizo de Vaud), unas viejas bobinas de 16 mm del rodaje de la película, con 25 minutos de imágenes inéditas.

En esas imágenes, tomadas por su hermano Sydney, se ve a Chaplin ensayar repetidamente el saludo nazi mientras que docenas de actores y comparsas esperan con paciencia a que acabe o, en otro momento, echarle la bronca a un asistente por no haber cumplido un plazo.

También se descubre una escena que fue eliminada del montaje final de la película: Chaplin quería terminar el filme mostrando a los soldados bailando entre ellos pero, descontento al parecer del resultado, prefirió concluirla con el famoso discurso en el que hace un llamamiento a favor del pacifismo y la tolerancia.

Un discurso que ha pasado a la historia como la secuencia más famosa de la película y que se podría pronunciar hoy con el mismo sentido que entonces.

“Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.
Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.
Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo”.

 

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