Cuando la criminalística se puso de moda

 

 

Lo primero que viene a tu mente cuando escuchas la palabra criminalística son imágenes de personas muertas, gente con la boca y manos cubiertas levantando casquillos percutidos en la calle o en un área delimitada por una cinta con la leyenda “Prohibido el paso” ¿o no?

¿Y por qué eso no es precisamente lo que vemos cuando desafortunadamente ocurre un homicidio, un accidente vial con consecuencias fatales o son encontrados restos humanos en algún lote baldío? ¿No hay especialistas? ¿No hay dinero? ¿O hay un poco de ambas cosas pero no están bien preparados?

José Luis Pérez Castro es director del Instituto Forense de Investigaciones Latinoamericanas (IFIL), ubicado aquí en Coatzacoalcos, es egresado de la Universidad de Barcelona y  tiene más de 20 años de experiencia.

Llegar a la verdad.

Para él, lo más importante es llegar a la verdad, lo cual resulta poco sencillo. Sin embargo, en la última década ha logrado, junto con profesores y estudiantes, acercarse a ella por medio de la identificación de cadáveres a base de huellas dactilares y moldes dentales en casos en los que los cuerpos tenían más de 20 días en estado de putrefacción.

“¿Cómo lo hemos estado haciendo? Tenemos 10 años trabajando con más de 100 profesores de toda Latinoamérica desde Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Perú, Costa Rica, Panamá, Colombia, Cuba, Estados Unidos, Panamá y en estos últimos cinco años hemos estado trabajando con España, Suecia y ahora vamos a trabajar con Australia”, detalla el director de la institución que forma parte de Asociación Internacional de Identificadores de Estados Unidos (IAI), por sus siglas en inglés.

La clave está en que el alumno, y sus maestros por supuesto, estén al día en avances tecnológicos respecto a la reactivación de huellas, disparos de arma de fuego, accidentes de tránsito, levantamiento de cadáveres, interpretación de evidencias, etc.

Esto, dice Pérez Castro, se logra conociendo la visión que hay en la materia más allá de nuestras fronteras. Habla de Roberto de los Santos, jefe de la policía en Uruguay, del mexicano Alejandro Hernández Cárdenas y su técnica para la rehidratación de cadáveres, del experto de CSI, Itami Jefferson, entre otros.

Todo eso lo tiene a su alcance un alumno de IFIL, pues el objetivo es capacitar a jóvenes para que coadyuven con la impartición de justicia para el esclarecimiento de diversos hechos, no sólo del orden penal, sino también en el ámbito laboral o agrario, destaca.

“La idea es que Coatzacoalcos y la región cuente con una nueva perspectiva de forenses en la cuestión criminológica. Es decir, que el evento que se suscita, ya sea un robo u homicidio, el futuro licenciado en criminalística sepa desmenuzarlo y llegar a la verdad de los hechos”, refiere.

Lucrando con el dolor ajeno.

El especialista reconoce que la desgracia ajena es parte de la preparación de los estudiantes, pues de nada sirve aprender criminalística únicamente dentro de las aulas.

Sin embargo, acepta que hay escuelas que ofrecen esta carrera y no cuentan con lo mínimo para su enseñanza en el nivel superior.

“Desgraciadamente la criminalística se puso muy de moda cuando salieron los programas CSI Nueva York y CSI Miami. Pero, es como cualquier profesión, de tener mucha pasión, respeto y de estar acreditándose año con año. Yo les recomiendo a los jóvenes que si quieren estudiar criminología y criminalística primero investiguen cuáles son las instituciones que están realmente enseñando”, expone.

Y es que en la criminalística hay que entrar en contacto con armas de fuego, cadáveres, etc. pues de poco sirve tomar las clases únicamente en los salones.

El guante, un paso a  la identificación de cadáveres.

En los últimos años, los jóvenes y profesores de IFIL han logrado identificar a varias personas que murieron en calidad de desconocidas, incluso con varios días en estado de putrefacción.

La técnica se llama guante: “cuando la piel humana está en un estado de putrefacción y la fotografía no puede hacer su trabajo lo que hacemos es quitar esa capa de piel que deja a la dermis al descubierto y lo que hacemos es que la entintamos o la espolvoreamos con polvo de hollín para después un alumno metérsela como guante y ficharla como si estuviera vivo.

La primer etapa se hace a nivel fotografía, entintamos con tinta para ficha dactilar y una vez que tenemos tinta lo que hacemos es la fotografía. Es una técnica muy sencilla cuando ya la larva de la mosca está en su tercera etapa, es decir que ya la misma lava se la fue comiendo de manera que te dé la oportunidad de hacer el guante en forma más sencilla”.

Y no sólo eso, los propios estudiantes han elaborado sus propios moldes dentales, con los cuales podrían ser identificados en caso de que desafortunadamente pierdan la vida en forma violenta. Además, IFIL resguarda toda clase de muestras para reconocerlos en caso de ser necesario.

El costo para quienes tuvieran el interés de hacerlo como precaución, sin incluir el ADN, es menor a 100 pesos. ¿Conocen a alguna institución en Coatzacoalcos que haga algo parecido?

 

Armando Ramos/Cocktelera

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